- 06.06.2025
A veces tratamos de burlar nuestros propios miedos de manera tan salvaje y cómica como nuestro héroe Rico. Cuando el insomnio y los pensamientos ansiosos sobre los asuntos del mañana, o tal vez el terror de hablar en público, nos mantienen despiertos, estamos listos para girar en el vals más ridículo con nuestras ansiedades. Pero, ¿qué pasa si el verdadero alivio está a solo un paso: atreverse a hablar de tu vulnerabilidad?
En nuestro reino, todo se movía con tanta calma y con un orden tan impecable que parecía como si todo el mundo estuviera pacientemente haciendo cola para la novedad de café más de moda. Los niños corrían por los patios, sus risas eran tan sinceras que ni una sola sombra podía ensombrecer su alegría. Nadie podría haber imaginado que una sola frase podría disipar esta atmósfera despreocupada.
Temprano en la mañana, el profesor Kavardak (más conocido como Profi, o "Profchik" por mi primo) miraba las imponentes pilas de hojas de trabajo que se amontonaban como gigantes de papel. Parecían silbar: "¡Imprímelo hasta que el mundo reviente!" y al mismo tiempo, el pitón de la oficina -el jefe del departamento de metodología- no se cansó de recordar: "No te olvides de las pruebas y las tablas de rendimiento, amigo". Pero Profi soñaba con algo completamente diferente: que su clase estuviera llena de un espíritu brillante de descubrimientos e ideas frescas, y no de otra montaña de exámenes obligatorios.